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miércoles, 10 de junio de 2026

DEGLUCION Y FOTOBIOMODULACIÓN TRANSCRANEAL

 DEGLUCION Y FOTOBIOMODULACIÓN TRANSCRANEAL

Por:  Fga. Patricia Cedeño O. 2026

La deglución es una de las conductas motoras más complejas del sistema nervioso humano. Su aparente simplicidad oculta una arquitectura neurofuncional extraordinariamente sofisticada, donde convergen redes sensoriales, motoras, viscerales, ejecutivas y de integración interoceptiva. En el contexto de la neurorrehabilitación, comprender esta organización no es un lujo conceptual: es una necesidad clínica. Cada alteración deglutoria es, en esencia, la manifestación periférica de un desajuste en los circuitos que sostienen la secuencia sensoriomotora.

En los últimos años, la evidencia neurocientífica ha permitido redefinir la disfagia no solo como un trastorno biomecánico, sino como una disfunción de redes y circuitos. La corteza motora orofacial, la corteza somatosensorial, la ínsula anterior, el tálamo, los ganglios basales y los generadores de patrones del tronco encefálico conforman un sistema dinámico que integra información, selecciona patrones, regula el gating motor y ejecuta la secuencia deglutoria con precisión milimétrica. Cuando uno de estos nodos falla, la red completa pierde eficiencia.

En este escenario, la fotobiomodulación transcraneal (tPBM) emerge como una herramienta terapéutica capaz de influir directamente sobre la fisiología de estas redes. Su acción no se limita a un efecto metabólico aislado: modula la excitabilidad cortical, mejora la perfusión, optimiza el acoplamiento neurovascular y favorece la plasticidad sináptica. En términos funcionales, esto se traduce en una mayor capacidad del sistema para reorganizarse, compensar y reaprender patrones motores complejos, como los que exige la deglución.

La tPBM actúa sobre la red, pero es la intervención fonoaudiológica la que dirige esa red hacia un nuevo estado funcional. La luz no reemplaza la terapia: la potencia. La prepara. La amplifica. La hace más eficiente. En otras palabras, la fotobiomodulación no “corrige” la disfagia; crea las condiciones neurofisiológicas para que el entrenamiento motor, sensorial y coordinativo pueda consolidarse con mayor estabilidad y menor esfuerzo.

Desde esta perspectiva, la integración entre tPBM y la intervención miofuncional se convierte en un modelo de trabajo basado en plasticidad dependiente de actividad. La estimulación cortical modula la red; la terapia MIO® la entrena; la repetición la consolida. Este triángulo conceptual permite intervenir no solo en la biomecánica, sino en la arquitectura funcional que la sostiene.

En pacientes con daño neurológico, la tPBM favorece la reorganización hemisférica, mejora la conectividad residual y reduce la fatiga cortical, permitiendo que la intervención fonoaudiológica sea más efectiva. En neonatos y prematuros, contribuye a la maduración de redes sensoriomotoras aún en desarrollo. En parálisis cerebral, facilita la compensación interhemisférica y la activación de vías alternativas. En trastornos sensoriales de la deglución, mejora la responsividad aferente y optimiza el gating motor, permitiendo que la secuencia faríngea se ejecute con mayor seguridad.

La dosimetría utilizada en tPBM —longitudes de onda entre 630 y 830 nm, irradiancias entre 10 y 250 mW/cm², fluencias entre 4 y 60 J/cm²— no es un conjunto de números arbitrarios. Representa la traducción cuantitativa de un principio fundamental: estimular sin saturar, modular sin invadir, facilitar sin forzar. La luz, aplicada con criterio neurofuncional, se convierte en un modulador fino de circuitos, no en un estímulo inespecífico.

Para los fonoaudiólogos especializados en neurorrehabilitación, este enfoque abre una nueva dimensión terapéutica. Ya no se trata únicamente de fortalecer músculos, mejorar patrones o entrenar secuencias. Se trata de intervenir la red que hace posible la función. De comprender que la disfagia no es solo un problema periférico, sino un fenómeno cortical, subcortical y troncoencefálico. De reconocer que la plasticidad no ocurre por azar, sino por diseño terapéutico.

La fotobiomodulación transcraneal, integrada con un abordaje fonoaudiológico basado en redes, representa un cambio de paradigma: pasar de la rehabilitación de estructuras a la rehabilitación de circuitos. De la intervención local a la intervención sistémica. De la compensación a la restauración funcional.

En este modelo, la luz no es un accesorio tecnológico. Es un facilitador neurofisiológico que amplifica la capacidad del cerebro para reorganizarse. Y la Fonoaudiología, con su comprensión profunda de la motricidad orofacial, la sensorialidad y la coordinación, es la disciplina que transforma esa reorganización en función.

Este es el punto de encuentro entre ciencia, clínica y tecnología. Un espacio donde la neuroplasticidad deja de ser un concepto abstracto y se convierte en una herramienta terapéutica concreta. Un espacio donde la Fonoaudiología se posiciona como una disciplina capaz de intervenir no solo en el movimiento, sino en los circuitos que lo hacen posible.