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jueves, 11 de junio de 2026

Fotobiomodulación Transcraneal en Neonatos

 Fotobiomodulación Transcraneal en Neonatos: Neurobiología, Justificación Clínica y Aplicación Terapéutica.  Por:  Fga. Patricia Cedeño O. 2026

1. Por qué los neonatos responden de manera excepcional a la fotobiomodulación

El periodo neonatal constituye el punto más crítico del neurodesarrollo humano. En estas primeras semanas, el cerebro opera bajo tres principios fundamentales:

1.1. Máxima plasticidad sináptica

El neonato presenta:

  • sinaptogénesis acelerada,

  • poda sináptica mínima,

  • alta reorganización espontánea,

  • redes funcionales aún no especializadas.

Esto significa que cualquier intervención que mejore la bioenergética neuronal tiene un impacto exponencial en la maduración de circuitos sensoriomotores, bulbares y corticales.

1.2. Alta vulnerabilidad metabólica

El cerebro neonatal depende de:

  • oxigenación óptima,

  • metabolismo mitocondrial eficiente,

  • estabilidad de la perfusión cerebral,

  • regulación neuroinflamatoria.

La tPBM actúa directamente sobre estos cuatro pilares, especialmente a través de:

  • absorción en citocromo c oxidasa,

  • incremento de ATP,

  • mejora del flujo sanguíneo cerebral,

  • reducción de neuroinflamación.

1.3. Inmadurez de redes motoras y sensoriales

Los circuitos responsables de:

  • succión,

  • deglución,

  • respiración,

  • regulación del tono,

  • alerta,

  • procesamiento sensorial,

se encuentran en pleno desarrollo. La tPBM favorece su estabilización, sincronización y maduración.

2. Justificación clínica del uso de tPBM en neonatos

Desde la perspectiva fonoaudiológica y neurofuncional, la tPBM en neonatos se justifica por su capacidad de intervenir en funciones esenciales para la vida y el desarrollo posterior.

2.1. Prematuridad

Los prematuros presentan:

  • inmadurez bulbar,

  • incoordinación succión–deglución–respiración,

  • hipotonía o hipertonía,

  • riesgo de disfunción orofacial,

  • alteraciones en la autorregulación.

La tPBM contribuye a:

  • mejorar la oxigenación cerebral,

  • estabilizar redes de tronco encefálico,

  • favorecer la maduración de reflejos orales,

  • reducir la fatiga neuromuscular,

  • optimizar la transición a la alimentación oral.

2.2. Neonatos con riesgo neurológico

Incluye:

  • hipoxia perinatal,

  • trauma obstétrico,

  • infecciones,

  • convulsiones neonatales,

  • encefalopatía hipóxico-isquémica leve o moderada.

La tPBM favorece:

  • reducción de neuroinflamación,

  • recuperación de circuitos corticales,

  • mejora del estado de alerta,

  • regulación autonómica,

  • estabilidad de redes sensoriomotoras.

2.3. Neonatos con dificultades oromotoras

La tPBM modula:

  • tono orofacial,

  • sensibilidad oral,

  • coordinación respiratoria,

  • activación de musculatura suprahioidea,

  • patrones de succión nutritiva y no nutritiva.

3. Cómo podría ser la aplicación de la fotobiomodulación en neonatos

A continuación te presento un modelo clínico seguro, racional y coherente con la evidencia, sin personalizar parámetros, pero sí describiendo cómo se estructura una intervención neonatal.

3.1. Principios generales de aplicación en neonatos

  1. Dosis bajas y tiempos cortos El cerebro neonatal responde a estímulos mínimos. La tPBM se aplica con energías reducidas, evitando sobreestimulación.

  2. Frecuencia baja a moderada La intervención suele ser 2–4 veces por semana, dependiendo del objetivo clínico.

  3. Zonas de aplicación cuidadosamente seleccionadas Se priorizan áreas relacionadas con:

    • regulación autonómica,

    • redes motoras orales,

    • circuitos de alerta,

    • perfusión cerebral.

  4. Monitoreo continuo del estado del neonato Se observa:

    • coloración,

    • respiración,

    • tono,

    • estado de alerta,

    • respuesta motora.

3.2. Zonas de aplicación sugeridas según objetivo clínico

A. Regulación autonómica y alerta

  • Región frontal medial

  • Región prefrontal bilateral

Justificación: Estas áreas modulan:

  • estado de alerta,

  • autorregulación,

  • atención temprana,

  • organización sensorial.

La tPBM mejora la perfusión y estabiliza la actividad cortical.

B. Succión–deglución–respiración

  • Región submentoniana (aplicación extracraneal)

  • Región bulbar (occipital baja)

  • Región parietal inferior bilateral

Justificación: Estas zonas se relacionan con:

  • activación suprahioidea,

  • coordinación oromotora,

  • integración sensoriomotora,

  • redes de tronco encefálico.

La tPBM favorece la sincronía y reduce la fatiga.

C. Prematuridad e inmadurez cortical

  • Región parietal superior

  • Región temporal posterior

  • Región occipital

Justificación: Estas áreas participan en:

  • integración multisensorial,

  • maduración de redes de lenguaje temprano,

  • procesamiento auditivo,

  • regulación visual.

La tPBM apoya la mielinización y la conectividad funcional.

3.3. Duración y estructura de una sesión neonatal

Una sesión típica puede estructurarse así:

  1. Inicio (30–60 segundos) Observación del estado basal:

    • respiración,

    • tono,

    • alerta,

    • coloración,

    • organización motora.

  2. Aplicación focal (2–4 minutos por zona) Se aplican dosis bajas en:

    • frontal,

    • parietal,

    • occipital, según el objetivo clínico.

  3. Aplicación complementaria orofacial (1–2 minutos) En casos de:

    • dificultades de succión,

    • incoordinación,

    • hipotonía orofacial.

  4. Cierre (1 minuto) Observación de cambios inmediatos:

    • mejoría del estado de alerta,

    • regulación respiratoria,

    • organización motora,

    • inicio espontáneo de succión,

    • reducción de irritabilidad.

4. Justificación fisiológica de la aplicación neonatal

Cada zona tiene un fundamento neurobiológico:

4.1. Frontal y prefrontal

  • mejora la perfusión,

  • regula el estado de alerta,

  • favorece la atención conjunta temprana,

  • estabiliza redes corticales inmaduras.

4.2. Parietal

  • integra información sensorial,

  • modula la postura y el tono,

  • favorece la organización motora global.

4.3. Occipital

  • mejora la oxigenación cerebral posterior,

  • apoya la maduración visual,

  • regula la conectividad con áreas temporales.

4.4. Submentoniano y bulbar

  • activa musculatura suprahioidea,

  • mejora la coordinación deglutoria,

  • reduce la fatiga durante la alimentación,

  • favorece la transición a succión nutritiva.

5. Consideraciones de seguridad en neonatos

  1. Evitar sobrecalentamiento La piel neonatal es extremadamente delgada. La tPBM debe ser fría o con mínima emisión térmica.

  2. Evitar presión sobre el cráneo Las fontanelas deben respetarse completamente.

  3. Evitar estimulación excesiva El neonato responde a dosis muy bajas.

  4. Monitoreo constante Cualquier cambio en respiración o coloración debe detener la sesión.

6. Conclusión: la luz como modulador temprano del neurodesarrollo

En neonatos, la fotobiomodulación transcraneal no es solo una intervención terapéutica: es una oportunidad neurobiológica.

Permite:

  • estabilizar redes inmaduras,

  • mejorar la coordinación vital succión–deglución–respiración,

  • favorecer la transición a la alimentación oral,

  • apoyar la maduración cortical,

  • reducir la vulnerabilidad metabólica,

  • potenciar la plasticidad en su punto más alto.

La luz, aplicada con precisión y conocimiento, no solo modula tejido: organiza funciones, despierta circuitos y redefine trayectorias de desarrollo desde el inicio de la vida.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

DESARROLLO Y EVOLUCIÓN DEL LENGUAJE

BILRAE se complace en publicar un artículo del académico don Pedro R. García Barreno titulado «Desarrollo y evolución del lenguaje» que se completa con abundantes referencias bibliográficas.
En algún momento, alrededor de 230000 años atrás, un homínido evolucionado –tal vez un Homo erectus– que habitaba los altos del Golán, en el Medio Este, rayó con una lasca un trozo de roca volcánica del tamaño de una ciruela, consiguiendo un objeto con apariencia antropomófica denominado Venus de Berekhat Ram. Se han encontrado en África y Australia indicios de la utilización de ocre hace 60000 años y, en el primero, insinuaciones de objetos de arte y ornamentos personales datados hace 50000 años. El epicentro de la denominada «explosión del arte» se sitúa hacia finales de la glaciación Würm, en Europa, hace 40000 años, cuando los europeos modernos reemplazaron a los neandertales; aunque hay indicios que estos pulieron dientes y huesos y utilizaron ocre, con propósito decorativo; ¿imitación o sugerencia del hacer de sus vecinos más evolucionados? Los datos más fiables, procedentes de los estudios en la zona Kostenki 17, en Rusia, datan hace 38000 años la eclosión ornamental.
Pero nada es más humano que el lenguaje hablado, aunque, desgraciadamente, no fosiliza. Se han registrado inscripciones simbólicas hace 13000 años, y la escritura hace 6000 años. ¿Cuándo apareció el habla? Hace 200000 años los homínidos africanos tenían la base del cráneo idéntica a la de los humanos modernos, y la anatomía necesaria –canal del nervio hipogloso, aparato fonador– data de hace 150000 años; pero los comportamientos que, se supone, dependen del lenguaje, no habrían aparecido hasta hace 40000 años. Ello deja un margen de maniobra de cien mil años que intentan rellenar varias teorías. Es difícil concebir arte sin lenguaje hablado; ambos comparten alguna clase de significado social. La datación de las costras de carbonato que recubren las pinturas en diversas cuevas de la península Ibérica, fechan su ejecución hace casi 65000 años; ello revela que fueron neandertales los primeros artistas europeos, amén de haber aportado el 2% del genoma del homo sapiens, sin que haya indicios de participación denisovana (restos hallados en la cueva Denisova –por el ermitaño Denis– situada en la región sur-occidental de Siberia, pertenecientes a una subespecie neandertal que emigró hacia Oriente).
Allá por la década de 1950, dos psicólogos acogieron en sus hogares al chimpancé Viki, al que criaron como si de un hijo se tratara; lograron que manejara cuatro palabras: mama, papa, cup y, tal vez, up. A la década siguiente tuvieron más suerte con el chimpancé Washoe, al que intentaron enseñar el lenguaje de signos americano logrando que ejecutara hasta cien signos y combinarlos en secuencias de dos o tres «palabras», pero pocos aceptaron que correspondieran a un verdadero lenguaje. El gorila Koko o el bonobo Kanzi incrementaron la lista. La mayoría de los investigadores concluyó que todos ellos podían aprender palabras o signos, pero ninguno mostró la capacidad de formar frases. Sin embargo, las pruebas de que los simios son malos vocalizadores –«la ausencia de evidencia puede que no refleje ausencia de capacidad vocalizadora», comenta la psicóloga Katie Slocombe– pero aceptables gesticuladores, ha soportado la teoría gestual de los orígenes del lenguaje. Otro ejemplo es el border-collie Rico, estudiado por la etóloga Juliane Kaminski; muerto en 2008, seguía instrucciones orales para identificar un objeto entre varios y colocarlos en un determinado lugar o entregarlos a una persona específica. Cuando oía una palabra nueva seleccionaba un objeto sin «marca oral» que asociaría en el futuro con el nuevo sonido. Un hecho similar sería el comportamiento de los perros pastores a los silbidos del pastor. Esta rápida asociación de marcas arbitrarias a objetos se había considerado algo único a los peques humanos: «mapeo rápido». Tal ejemplo puede sugerir que la asociación de palabras con objetos o acciones no sea exclusiva de los humanos. Todos esos comportamientos, característicos de un infante de 2,5 años, pueden explicarse mediante el manejo de dos o tres sonidos (palabras) que actúan como estímulos discriminatorios que incitan un determinado comportamiento, y sin que nada tengan que ver con una descodificación sintáctica de una frase....
GARCÍA BARRENO, Pedro. Desarrollo y Evolución del Lenguaje. Boletín de Información Lingüística de la Real Academia Española, [S.l.], p. 39-57, jun. 2018. Ver artículo completo en: http://revistas.rae.es/bilrae/article/view/231/559

jueves, 28 de febrero de 2019

Los orígenes del cerebro vocal en los humanos

La evolución de la comunicación vocal en los humanos requirió la aparición no solo del control voluntario del aparato vocal y un repertorio vocal flexible, sino también de la capacidad de aprendizaje vocal. Todas estas capacidades carecen de primates no humanos, lo que sugiere que el cerebro vocal sufrió modificaciones significativas durante la evolución humana. Revisamos investigaciones que abarcan desde las primeras descripciones neurofisiológicas de los grandes simios hasta el estado de la técnica en neuroimagen humana en la organización neuronal de la corteza motora de la laringe, el principal regulador de la vocalización tanto para el habla como para la canción en humanos. Describimos los cambios en la ubicación, estructura, función y conectividad de la corteza motora de la laringe en humanos en comparación con primates no humanos. Incluyendo vacíos críticos en la comprensión actual de los sistemas cerebrales que median el control vocal y el aprendizaje vocal. Exploramos una serie de modelos de los orígenes del cerebro vocal que incorporan hallazgos de la neurociencia comparativa, y concluimos presentando un resumen de hipótesis contemporáneas que pueden guiar la investigación futura.
....Escenarios evolutivos para el surgimiento de la corteza motora de la laringe humana. Se presentan dos modelos evolutivos. En ambos modelos, se propone que se produzca una migración posterior de la corteza motora de la laringe (LMC) desde las posiciones de los monos a los simios mediante la reubicación. Por lo tanto, en ambos modelos, la LMC ventral de los seres humanos se ve como el homólogo de la LMC simia que migró más hacia adelante a lo largo de la parte inferior del lóbulo frontal como una segunda aparición de reubicación. Para facilitar la comparación, las posiciones aproximadas de los LMC de mono y mono se muestran en un cerebro humano, en lugar de en tres cerebros específicos de una especie. El panel izquierdo muestra el "modelo de duplicación + migración", según el cual la LMC dorsal surgió por una duplicación de las regiones motoras relacionadas con la vocalización, como la LMC ventral y / o la corteza motora del tronco que controla la respiración, seguida de una migración hacia la Región orofacial de la corteza motora. El panel de la derecha muestra el "modelo de duplicación local", según el cual la LMC dorsal evolucionó mediante la duplicación de una región adyacente, aunque no vocal, de la corteza motora. La región en forma de diamante de color naranja pálido significa las regiones fuente potenciales para tal duplicación, incluidas las regiones orofaciales ventrales a la LMC dorsal y las regiones de control manual dorsales a la misma.
Belyk, Michel; Brown, Steven. The origins of the vocal brain in humans. Neuroscience & Biobehavioral Reviews Volume 77, June 2017, Pages 177-193